Territorios palestinos ocupados: “el mecanismo es la humillación, la degradación del otro”

“Entre esta nueva guerra en Gaza y la del 2008 existe una diferencia muy preocupante, no solamente en la duración, que es más larga, sino en el aislamiento que sufre la población. Entonces, el flujo de la ayuda humanitaria era mucho mayor. A través de la frontera egipcia entraron decenas de médicos y de personal humanitario. Incluso el Estado Jordano montó un hospital entero dentro de Gaza. Llegaban medicinas, comida, agua. Se podía evacuar a los heridos. Ahora, la frontera con Israel sigue sellada como siempre, pero también lo está la de Egipto”.

Raquel, directora de Operaciones de MSF España, acaba de regresar de Israel y Palestina, después de visitar otros proyectos que la organización humanitaria tiene en Irak y en Siria.

“Me parece aterrador -explica- ver como en un territorio tan limitado del mundo puedes visitar tres conflictos diferentes, y cómo los tres tienen un perfil tan parecido: el uso del armamento moderno, a veces muy sofisticado, en contra de una población civil urbana, aislada, encerrada en una ratonera sin posibilidad de huir de los ataques. Si bien en Gaza la guerra es más puntual, más corta, con momentos agudos como el de ahora, los tres conflictos se caracterizan por causar un número de muertos y heridos enorme, son conflictos de alta letalidad, que provocan una destrucción enorme, unas heridas profundas que se prolongan en el tiempo”.

– Quizás hubo un tiempo en el que la opinión pública mundial parecía muy sensible a los ataques contra civiles atrapados en una guerra. Hoy parece que esta preocupación se ha ido diluyendo, incluso banalizando…

– Gaza es especial. El tema palestino es un conflicto que genera muchísimas opiniones y emociones. En relación con otras crisis siempre está representada en los medios, con mayor o menor fortuna, veracidad o grados de manipulación. Pero no podemos decir que no se hable del conflicto, cosa que no ocurre, por ejemplo, con Irak o con Siria.

“La movilización alrededor de la guerra de Siria es ridícula, insuficiente. Al parecer, cuesta mucho empatizar con las víctimas, decidir quiénes son los buenos, los malos. Qué ocurre exactamente. Existe pues un enorme alejamiento emocional sobre los efectos aterradores que esta guerra tan cruel y devastadora produce sobre la población civil. Basta imaginar la misma intensidad que ocurre en Gaza sobre una población mucho mayor en un periodo continuado que supera ya los dos años y medio.

“En Siria, la destrucción de las infraestructuras, de los servicios para la población incluidos los de la salud y la del tejido civil, social, en las zonas de combate es total y absoluta. Nosotros no hemos obtenido acceso al territorio controlado por el Gobierno, pero en las zonas de combate en el norte del país lo que vemos es horrible, brutal. A la violencia de los combates, la artillería, las bombas, los nefastos barril-bomba, ahora los coche bomba, hay que sumar otras formas de violencia; violencia sectaria, violencia de uno contra el otro, del vecino, de los modelos de represión social. El día que sepamos exactamente lo que está ocurriendo en poblaciones como Alepo, por ejemplo, la vergüenza que sentiremos como sociedad será insoportable.

– Háblanos de tu viaje a Palestina e Israel.

– En Gaza, cada vez que regresa la guerra en su forma más aguda, que es cada dos años y medio más o menos, tratamos de reforzar los equipos médicos introduciendo más personal especializado. Entran en las rotaciones reforzando a los cirujanos, los servicios esenciales, pediatría, cuidados intensivos. Esta vez, hay equipos de MSF dentro de Gaza, incrustados en los servicios esenciales del hospital de Shifa, que es el mayor de Gaza, y en el Nasser. En el 2012 hubo una crisis parecida pero de más baja intensidad. En el 2008 fueron tres semanas en las que murieron unas 1400 personas, con un nivel de heridos muy parecido, pues en este tipo de guerras contra población urbana, tienes cuatro o cinco heridos por cada muerto. Además prestamos soporte psicológico al personal médico desde Hebrón, donde están basados nuestros equipos de psicólogos. En Gaza todo el mundo está expuesto a la muerte, cualquier sitio puede ser un objetivo militar. No hay ningún lugar seguro. A este miedo hay que sumar el agotamiento por el trabajo intenso, sin reposo, y la dureza de ver a unos heridos, mujeres, niños, que llegan destrozados. Ayudamos a que el personal de los hospitales pueda seguir trabajando bajo condiciones de estrés extremo.

“A los efectos estos episodios de violencia aguda -explica Raquel-, hay que sumar una situación continuada de ocupación, que suma, generación tras generación, una especie de memoria colectiva de la frustración, la desesperanza, la dificultad por verle una salida al conflicto. Por esto, una parte importante de nuestros programas en Gaza y Cisjordania -fuera de estas puntas bélicas- se ocupan de salud mental”.

Raquel no había regresado a Jerusalén, donde nació su hijo, desde hacía cuatro años. Ésta es la impresión visual de su reencuentro:

– La última vez que viajé por la carretera entre Hebrón y Jerusalén recuerdo que me fijé en una pequeña área de descanso encima de una colina, donde había una furgoneta parada. Ahora se ha convertido en un asentamiento. Resulta impactante ver como la maquinaria de la expansión del Estado de Israel es lenta pero sin freno. Cada día que pasa avanza un poco más penetrando en las tierras reclamadas por los palestinos, ahora me como un nuevo trozo de tu tierra, ahora levanto nuevos muros. Más y más y más. ¡Es imparable! El mecanismo de la ocupación es sutil. Ves que florecen algunos negocios en los territorios. Que se establecen relaciones comerciales con China. Pero allá están las torres de vigilancia a la entrada de los pueblos, en las carreteras. Las poblaciones encerradas, que tienen que pedir permiso para todo, para circular, para cruzar una calle. Y la arbitrariedad permanente: ahora cierro, ahora abro, ahora no te dejo pasar, ahora te dejo. Ahora te detengo, ahora te suelto. Ahora trabajas, ahora no trabajas.

“Las autoridades israelíes tejen muy fino a la hora de cruzar los límites del derecho internacional (que, por otra parte, está anticuado, no se adapta a situaciones como esta). Saben jugar al gato y al ratón con las leyes internacionales y la propaganda. Construyen muy bien narrativas donde siempre acaban introduciendo la duda. Y han desarrollado tácticas muy sofisticadas de presión sobre la población. La violencia se ejerce en las casas, en los escenarios de la vida cotidiana. Por ejemplo, durante las campañas de detención masivas, cuando hacen incursiones en las casas. Lo hacen de noche, haciendo a toda la familia testigos y víctimas de esa violencia, utilizan una escenografía aterradora, con perros, con soldados pertrechados para el combate; es un mecanismo que han ido perfeccionando, un modo sutil y sofisticado de terror, difícil de detectar, de que queden “señales” visibles, aunque nosotros lo sabemos porque nos lo cuentan nuestros pacientes. Toda esta violencia y humillación se expresa con la frustración, la ira. Crea, evidentemente, problemas familiares porque la vida cotidiana se convierte en una caja de resonancia de la violencia a la que se ve sometida toda la población.

– ¿El síndrome de la mujer maltratada?

– Lo podemos decir de otra manera: la represión del Estado israelí tiene un objetivo fundamental, un Master Plan: crecer, ocupar las tierras. Pero el mecanismo es la humillación, la degradación del otro. Es decir: puedo hacer lo que hago, y lo puedo hacer tantas veces como quiera. Puedo ocupar tus tierras, puedo crecer lo que quiera, puedo decirte cuando te dejo caminar y cuando te obligo a pararte, cuando entras en tu casa y sales de tu casa. Puedo hacer contigo lo que quiera, lo va a ver todo el mundo ¡y aquí no pasa nada! Este mensaje tremendo es el martillo que golpea cada día la cabeza de los palestinos. Esta nueva guerra horroriza a todo el mundo, pero, si el pasado sirve de referencia, no cambiará nada.

– ¿Como trabajadora humanitaria, cómo se vive un contexto político como el que describes, también en Siria o Irak?

– Parte del trabajo de MSF es humanizar la guerra, dar atención a los que sufren. No se deben despolitizar las crisis, las crisis tienen raíces políticas y soluciones políticas, pero yo tengo mucha suerte porque en este tipo de crisis, estoy del lado humanitario, no en el lado de los que tienen un objetivo político de acabar con el conflicto.

– ¿Suerte?

– Me volvería loca si hubiera dedicado mi vida a encontrar soluciones políticas a todo lo que he visto porque tendría una sensación absoluta de fracaso. Toda mi admiración a quieres dedican su vida a ello. En una situación de guerra, cada acto médico, por simple que sea, tiene un valor incalculable. En MSF somos muy simples: haces acción médica, te ocupas del sufrimiento inmediato, ayudas al que lo necesita. Casi parecemos tontos de lo simple que es.

http://www.eldiario.es/desalambre/TERRITORIOS-PALESTINOS-OCUPADOS-humillacion-degradacion_0_292221304.html

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